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miércoles, 5 de noviembre de 2014

1 Tiempo perdido

Me encantaría saber quien ha hecho esa foto.
Sinceramente al mirarla me veo a mí, a mi con... ¿7 años? ¿11? No se, todos los niños me parecen iguales.
¿No es preciosa? A mí al menos me lo parece. Al igual que yo lo era, pero entonces no tenía ni idea.
Yo tenía el mismo pelo, el mismo cuerpo y, ¿como olvidarlo?, la misma barriga.
La recuerdo perfectamente, no me gustaba nada de mí, pero aun menos esa asquerosa bola de grasa que tenía por epicentro, el sol de mi vía láctea. Enorme, redonda y captando miradas.
Y ahora veo esta foto. Realmente era como ella, cuando me sentaba, mi barriga también se dividía  exactactamente en tres.
Y evidentemente no la veo fea, no la veo gorda, su barriguilla me parece una hermosura y a la par graciosa.
No se cuantas veces sostuve mi barriga entre mis manos pensando que cantidad de carne sobraba, no se cuantas veces se me pasó por la cabeza incluso cortarla "¿Qué más da? si lo hago al médico no le quedaría mas remedio que coserla, hasta podría pedirle de paso que si puede sacarme mas grasa, ya que esta abierta".
Sí, pensaba eso. Creo que lo pensaba cada día de mi maldita existencia.
Si hubiera algo en mi mano que pudiera hacer para recuperar todos aquellos días...
El pasado no vuelve, todos lo sabemos, pero los niños no nos paramos a pensar en eso, no meditamos, no reflexionamos, tampoco sabemos el mundo que hay haya afuera, lejos de los insultos de los compañeros. Solo sabemos lo que vemos y nos rodea.
Y si lo que te rodea es odio y asco a tu cuerpo, piensas que debe haber un motivo, te lo crees y, años después, descubres que has pasado tu vida estando muerta por dentro.




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miércoles, 19 de diciembre de 2012

0 Palacio de cristal

Había oído tantos cuentos. Cuentos de princesas que vivían en palacios de cristal, con hadas madrinas que hacían de sus vidas un constante cúmulo de alegrías. Todas y cada una de aquellas princesas eran tan hermosas., y todas eran amadas por un príncipe ideal. Había oído tantos que empezó a creer el ellos, a tener la esperanza de vivir un cuento de hadas. Pero la niña fue creciendo. Se convirtió en una mujer y se vio obligada a madurar, al menos lo suficiente para ver la realidad y dejar atrás los cuentos de su infancia. Con tristeza se dio cuenta de que jamás viviría en un palacio de cristal, de que lo que quisiera tendría que conseguirlo sin la ayuda de un hada madrina. Ni de nadie.
El camino se presentaba difícil para afrontarlo sola si no era lo suficiente fuerte
Entendió que el príncipe jamás aparecería, y aún menos si no era tan hermosa como aquellas princesas, y eso le decía su reflejo 
<<¿Por qué?>> Se preguntaba ella. Por qué lo que veía no era lo que sentía. 
<<¿Por qué?>> Gritaba. 
<<¿Por qué?>> Jadeó ante el espejo antes de golpearlo con el puño y partirlo en mil pedazos que se esparcieron a su alrededor, se dejo caer de rodillas y observó su puño ensangrentado, cogió un pedazo de cristal y observó su rostro lleno de lágrimas por última vez.
Y  vio el reflejo de la sangre que brotaba de su muñeca, esparciéndose e inundando su propio palacio de cristales.


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