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sábado, 3 de enero de 2015

0 Mudanza

Pues nada, tras mucho tiempo planteándome la bazofia alejada de la mano de dios que es Blogger y que debería cambiar de plataforma algún día, hace unos días que di el paso. He estado publicando poco a poco algunas de mis entradas de aquí en mi nuevo blog y a partir de ahora será allí donde publique,

Los motivos por los que Blogger me parece una bazofia son muchos, pero el principal y el que me hace irme son las estadísticas, quiero saber a cuanta gente le llego realmente, y las cifras de aquí son mas inexactas las de la declaración de la renta de Bárcenas.

Toca dejar atrás las más de 19.000 de aquí, (que a saber cuantas son en realidad) y empezar de cero.

Os dejo la dirección de mi nuevo blog:

On my own

Así que nada, si os gusta lo que escribo y queréis seguir leyéndome, nos vemos por allí.
¡Hasta entonces, un abrazo!















martes, 23 de diciembre de 2014

1 Blanca navidad

Navidad... La fiesta más dulce. Las calles están inundadas de mil olores, mazapán, turrón, buñuelos, algodón de azúcar y lo menos dulce pero no menos exquisito, castañas asadas.
Las castañeras, esas mujeres que llenan nuestras calles de una falsa niebla cálida y espesa.
En los lugares como este, en los que nunca nieva, es lo más parecido que tenemos a una "blanca navidad", como suelen decir.
Aunque he de confesar algo; amo la navidad.
Sé que es una época consumista y blaablaablaa, todos esos argumentos hippies - a los que, por cierto, no les falta razón-. Y que es la época más hipócrita del año, en la que todos aman y ayudan a todos incluyendo a los pobres que están tirados en las aceras a los que unos meses antes no mirabas al pasar y ahora le das cinco euros y un chocolate calentito e incluyendo a los "pobres negritos" que mientras se mueren de ébola no te has molestado en saber en que consiste la enfermedad hasta que ha llegado a tu país pero ahora te preocupa que tengan un regalo bajo el árbol. Oh, espera, ni siquiera tienen árbol, y la familia se reúne para pelear por la mínima gilipollez, porque todos se detestan pero en estas épocas hay que fingir amor y cariño a cambio de saborear a un buen jamón celebrar juntos estas fiestas tan especiales.
Además nunca he tenido una familia que se reúna en navidad, ni tampoco una que no se reúna, vivo aquí desde que tengo memoria, y desde que tengo memoria, la única navidad que he conocido es la que veo a través de la ventana.
Nada de luces de colores aquí dentro, tampoco árbol ni villancicos. Nada de cenas lujosas, alcohol y pasteles. Nada de regalos. Nada de películas navideñas familiares de bajo presupuesto y aún más baja calidad.
Esa chiquilla rubia, la castañera, es la única que me hace amar la navidad, porque es la única época del año en la que la veo.
Siempre se pone en el mismo sitio, frente a mi ventana, y juraría que alguna vez la he pillado cruzando su mirada conmigo. Siempre hay a su lado un niño jugando con un globo, que siempre es de color rojo. Quizá sea su hermano pequeño, ella parece demasiado joven para tener hijos. Puede tener unos veinte años.
Me he fijado en que siempre lleva el mismo gorro y la misma bufanda, alguna vez he pensado en regalarle otra, pero quizá lleva esa por algún motivo especial, quizá se la regaló su madre cuando aún estaba en vida, y la mía acabe en la papelera más cercana, en la que esta junto a ella -sí, ella esta junto a una papelera, ella, ese monumento que fácilmente podría estar en el escaparate de una joyería, estaba junto a una sucia y vieja papelera-.
No soportaría ver mi regalo en la basura mientras la observo. Como una broma pesada y malvada. Un no muy sutil "no quiero nada de ti".
Sueño cada día con que venga a visitarme y me envuelva en un cálido abrazo que nunca acabe, exatasiándome con su peculiar perfume de castañas asadas, sueño con quitarle el gorro y enredar mis dedos entre sus cabellos mientras me cuenta que lleva años observándome y hasta hoy no se ha atrevido a buscarme, porque no quería pasar un año más sin saber mi nombre.
Sueño con decirle mi nombre y que ella susurre en mi oído el suyo.
Quizá se llame Marta, es un nombre bonito, le pega. O quizá Elena, Laura, Alicia...
Un nombre hermoso y clásico a la vez, como su rostro.
Sueño que, después de ese abrazo, nos fundamos en uno bajo las sábanas.
Y sueño que me agarre del brazo y corra, arrastrandome, sacándome de aquí para siempre. Sé que solo ella podría hacerlo, solo necesito mirar sus ojos para saberlo con toda la certeza del mundo.

Por ahora el único sueño que cumplo es el de dormir cada noche contemplando su rostro, aunque sea a lo lejos. Dejarme absorber por la oscuridad, cerrar mis ojos y seguir viéndola en mis sueños.


Oigo una puerta cerrarse detrás de mí. Es metálica, la mayoría de puertas aquí lo son, y oigo a uno de los doctores hablar de un pobre loco que pasa los días mirando a través de una postal, como si de una ventana de tratase.
Tengo miedo de volverme tan loco como él o el resto de mis compañeros.
Pero sé que me sacarás de aquí antes de que eso suceda.
Y me dirás quien es ese niño que siempre te acompaña con un globo rojo, y quien te regalo ese gorro y esa bufanda que nunca te quitas.
Jamás dejaré de esperarte.




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lunes, 22 de diciembre de 2014

0 La cena

Silencio.
Tu y yo.
Tu mirada y la mía.
Sin decirnos nada nos lo estamos diciendo todo en esta batalla en la que cada uno lucha por no ser el primer estúpido en abrir la boca y decir lo que ambos estamos pensando.
En nuestros platos, el ultimo bocado, troceado mil veces como excusa para alargar este momento, se enfría. Mientras que el vino, con el que nos limitamos a humedecernos los labios con la misma intención, cada vez está más caliente.
Cada uno de nuestros movimientos es sumamente lento. La tensión es palpable, no solo se podría cortar con un cuchillo, bastaría con darle un toquecito con el dedo para que se rompiera como un cristal.
Tu pierna se desliza entre las mías bajo la mesa.
Dios, no, no hagas eso. No me lo pongas aun más difícil.
Me guiñas un ojo. Se exactamente lo que pretendes, algo que no es fácil de decir con palabras, que siempre evitamos demostrar que queremos que suceda. Por quedar bien, por fingir que somos personas serias y enteras.
Sabes que yo quiero lo mismo, por eso me haces esto. Valiente hija de... sí, tú si que sabes controlarme y conseguir lo que quieras de mí. Paseas tu suave lengua por tus labios, que hoy lucen el color del rubí. Sabes exactamente como llevarme a ese punto en el que no puedo negarte nada...
Y te vuelvo a mirar, con ojos de cordero degollado, suplicando que pares esta lenta tortura.
Tú te limitas a tirarme un beso, coges tu bolso y te vas hacia el baño.
Mientras tanto te imagino ante el espejo; perfeccionando tu carmín, sonrojando tus mejillas con ese maquillaje que usas a pesar de no necesitarlo... arreglándote las pestañas con tu boca entreabierta, amo tu boca así, es tan sugerente.
Tus andares de "femme fatale" me sacan de mi ensoñación mientras te acercas hacia mí.

- Joder, Manolo, ¿que más tengo que hacer para que pagues la cuenta?



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viernes, 21 de noviembre de 2014

0 Último aliento

Otra vez igual, ante ti, de rodillas, suplicando que me perdones.
Pero esta vez es diferente, esta vez de verdad no quería, quizá en el fondo nunca quise...
Y aún así veo tus ojos clavados en los míos, pidiéndome explicaciones, gritando "¿¡Por qué!?" a través de sus pupilas mientras es tu boca la que me observa, entreabierta ante lo inesperado pero sin fuerzas para abrirse más y gritar.
Pero, ¿qué podría responderte?
El único motivo para hacerlo fue precisamente la falta de motivos para evitarlo.
Lo se, se que es una pésima excusa, que si fuera así todos lo harían, pero me temo que ya no hay vuelta atrás. Tiré el móvil al retrete para evitar tentaciones y nunca he tenido teléfono fijo. No hay nadie a quien acudir, solo queda perderme en tus ojos hasta que se apaguen.
¿Pero por qué te sientes así? ¿Qué vas a echar de menos?
No tenías a nadie, no tenías presente y ahora no tendrás futuro, solo me tenías a mí y nunca fui suficiente, nunca pude hacer nada por ti, nada para salvarte mientras te hundías en la más absoluta miseria.
Por eso en lo más profundo se que esto es lo mejor que he podido hacer por ti.
Te estoy liberando de toda esa mierda que te rodeaba y, aunque me duele ver como tus ojos pierden su brillo, me alegro por ello.
Veo una última sonrisa en tus labios rodeados de lágrimas, son hermosos, nunca me había fijado en ellos.
Ahora tus ojos se han cerrado haciéndome perder el mundo de vista, perderte a ti, perder mi reflejo...

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domingo, 9 de noviembre de 2014

0 Libertad

Subir, subir ahí arriba, a la cima más alta o incluso la más baja, da igual, no hay nadie más sobre mí, solo aves, aves enormes.
Y gritar.
Gritar: ¡SOY LIBRE!
Solo por un minuto o solo por una hora, pero soy libre.
No estoy bajo vuestros focos, ni siquiera al alcance de vuestra vista, y eso sin estar entre cuatro paredes, sino bajo un cielo anunciando lluvia que aguanta y la retiene pacientemente por mí.
Y que abre paso entre sus nubes para mostrarme que incluso el día más gris esconde algo hermoso.
Dios... Libertad.
Se que no existe, que solo es una fantasía, pero ¿y qué?
¿Qué norma nos impide disfrutar de las fantasías de nuestra mente? ¿Qué retorcida mente prefiere evitar fantasías a regocijarse en ellas?
¿Qué sería de nuestra vida sin ilusiones?
¿Qué sería de nosotros sin, al menos, un minuto de libertad?
Nos volveríamos locos. O peor aún, demasiado cuerdos.


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