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jueves, 24 de abril de 2014

1 Diario de Nadie


Tuve que borrarlo porque el que presentara al concurso no podía estar en internet.
Aquí está de nuevo.


Sábado, 8 a.m, suena el maldito despertador de mi habitación, pero lo oigo a pesar de haberme quedado dormido en el sofá la noche anterior.

Intento ignorar el fatídico sonido pero se adentra en mi cabeza hasta tal punto que siento que me va a estallar, aunque probablemente la botella de Vodka de anoche influya un poco.

Finalmente me levanto desperezándome y me dirijo al dormitorio en estado zombie para apagarlo.


- ¿Por qué demonios me despiertas? - digo mirando al despertador con mala cara y lo apago tirándolo al suelo de un manotazo.


Me asomo a la ventana... El sol brilla intensamente, parece que hará un buen día hoy... así que bajo la persiana y me dejo caer sobre mi cama deshecha.


Busco el despertador con la mirada. <<Donde demonios...?>> Cojo el móvil y miro la hora, las cuatro de la tarde, una de las pocas ventajas del paro, la única quizá. Tras un rato mirando "teletecho" me incorporo, cojo una toalla y me voy a la ducha. Nada mejor para despejarse que el agua casi fría cubriendo cada poro de mi piel...

- ¡Ah! ¡Joder, quema! - regulo la temperatura.

Salgo de la ducha, me ato la toalla a la cintura y me afeito, luego me visto con lo primero que veo, que siempre suele ser lo mismo: Unos vaqueros y una camiseta negra.


Voy a la cocina y abro la nevera para picar algo, pero no hay nada más que un pedazo moho con algo de limón en la huevera.

Aparto la bolsa de patatas vacía -mi cena de anoche- de la mesa para coger mis llaves y salgo para comprar algo. Miro mi salón desde la puerta <<si mi madre viera esto moriría en el acto>> 

- Mañana lo recogeré -ayer dije lo mismo.


Bajo a pie las seis escaleras -dos por cada piso- y miro el correo... facturas... ¿con qué esperan que las pague? Las vuelvo a meter en el buzón y salgo a la calle a dar una vuelta sin rumbo, como cada día.


Por el camino encuentro niños jugando, parejas, madres con sus hijos... familias y gente con, al menos, su mascota o hablando por el móvil. Pero nadie solo, este mundo no está hecho para mí ¿qué pinto yo aquí?

A veces el murmullo del gentío se me hace insoportable... en realidad siempre, además de los gritos, cuchicheos, vehículos, sus bocinas, "canciones" de jóvenes que no han descubierto aun las ventajas de los auriculares...

Me pongo los míos.

*Reproducción aleatoria”, “Play*.

Ahora solo oigo música y mi propio pensamiento.

Llego a un parque y me siento en el respaldo de un banco, costumbre que cogí siendo adolescente y que aun sigue conmigo, me gusta.

Hay una persona en el banco de al lado, la única persona que he visto sola y solitaria a parte de mí. Un anciano.  ¿Es ese el futuro que me espera?

Mi vida no es un jardín de rosas, está claro, no tengo nada que me ate a este mundo por ahora, ni gran esperanza en hallarlo. Pero tampoco me va tan mal como para dejarlo... vivo como en... ¿como en stand by? A la espera de algo, sin saber exactamente de qué.

Dos chicas me señalan a lo lejos, las miro con desagrado, se miran, dejan de señalar y murmuran algo entre risitas.


Pasa una joven a mi lado; pelo negro como el ónice con un peinado corto, ojos verdes, claros, labios gruesos, una tez pálida que hace un contraste increíble con su cabello, no muy alta y unas curvas de escándalo, impresionante.

Me mira diciéndome algo, así que me quito un auricular:

- ¿Perdón?

- Que si puedo sentarme – me repite con una sonrisa, su voz también es increíble.

- Por supuesto... -me pongo el auricular- yo ya me iba.

Paso junto a las adolescentes de antes.

- Señoritas... – las saludo en tono sarcástico con una evidente sonrisa forzada.


Llegando a "casa" me acerco a la tienda de la esquina y compro una pizza y una lata de cerveza, bueno... dos... Está bien, un pack de seis.


Subo las escaleras y saludo a mi desastroso hogar tirando las llaves en la mesa. Meto la pizza en el horno y mientras se hace recojo el desastre... parte de él -la suficiente para sentarme a comer y luego tenderme a ver una película en el sofá-.


Saco la pizza del horno y cojo una botella de vodka de la repisa y algo de hielo, sé que voy a acabar cogiéndola, así me ahorro el levantarme después.


Acabo con la pizza y las cervezas y le ataco a la botella.

Doy el primer trago, en mi mano la copa se siente helada como un témpano, pero en mi garganta... una quemazón extasiante.


Vaso a vaso va pasando la noche, dejándome al borde de la inconsciencia, solo consciente de que cada día seguiré así, solo y malgastando mi tiempo, y de que mañana será un día exactamente igual que este.


- No del todo - voy como puedo hasta el despertador y lo desactivo.

Vuelvo al sofá y me sirvo otra copa, el cielo cada vez está más oscuro, luego empieza a estar cada vez más claro... no sé cuantas horas han pasado, pero es mejor contar las horas que las copas...

Caigo rendido.


Domingo. Cuatro de la tarde...


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martes, 19 de febrero de 2013

0 Sábado 29 de Octubre 2010

Hacía fresco y fui a cerrar la puerta, pero en lugar de eso, al acercarme me quedé mirando la ventana de la casa deshabitada que hay frente a la mía.
Su dueño murió en febrero.
Murió solo, es más, nadie supo de su muerte hasta que, dos meses después, la calle amaneció llena de gusanos que salían de su casa, de su cuerpo, como gritando "Pedro está ahí dentro, daos cuenta de una vez"
¡Oh! Qué buena era la gente de repente. Entonces todos le habían echado de menos, todos lo habían notado pero habían supuesto que estaba de viaje, que se había mudado... o que se había ido a comprar tabaco en una expedición a Alaska... Todos.
El revuelo en la calle fue increíble.
Hipocresía y teatro en estado puro, ni Shakespeare.
- ¡Oh, pobrecillo! Yo era amiga suya, agente, ¿puedo entrar a por unas cosas que le presté?
- Por supuesto, señora.
Y la señora se quedó con la maquina de coser de su difunto vecino.
Y así varias caraduras más.
Yo al menos lo reconozco, no noté su ausencia, cierto es que cada mañana me lo encontraba en la puerta del bar cuando iba a recoger a mi hermana al colegio, pero no fui consciente de que llevaba tiempo sin verle hasta que oí la noticia. Incluso unos días antes de esa manifestación de gusanillos blancos, estuve sentada en los escalones de su entrada hablando tranquilamente con un amigo.
Pues bien, desde mi puerta aun se ven sus pertenencias tras su ventana, materiales de trabajo, sillas, muebles, más materiales de trabajo... se ve una foto colgada que, con la suciedad del cristal de la ventana no sé distinguir si es de comunión, de una boda o una virgen, a su lado hay un espejito pequeño y otra fotografía, ésta de un paisaje, puede que de Ubrique.
Tiradas en el suelo de sus balcones hay persianas que se descolgaron hace años y no se preocupó en volver a colgar y, en su fachada, aun están las firmas que dejamos mis amigos y yo hará al menos cuatro años y que tampoco se molestó en borrar, también hay una más reciente de una tal "RUBIÍA GATA" a la que no tengo el "placer" de conocer.
La correspondencia se amontona en su puerta, al igual que el polvo y las cascaras de pipas...
Lo increíble de la historia es que estuviera tan solo a pesar de tener familia y que esa familia tampoco notara su ausencia ni se haya preocupado aun por sus pertenencias o su correo.
Es increíble lo solo que se puede llegar a estar en esta vida.
No tiene etiquetas ni titulo porque es real, no un relato, hago la aclaración porque varias personas me han preguntado.


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miércoles, 19 de diciembre de 2012

0 Palacio de cristal

Había oído tantos cuentos. Cuentos de princesas que vivían en palacios de cristal, con hadas madrinas que hacían de sus vidas un constante cúmulo de alegrías. Todas y cada una de aquellas princesas eran tan hermosas., y todas eran amadas por un príncipe ideal. Había oído tantos que empezó a creer el ellos, a tener la esperanza de vivir un cuento de hadas. Pero la niña fue creciendo. Se convirtió en una mujer y se vio obligada a madurar, al menos lo suficiente para ver la realidad y dejar atrás los cuentos de su infancia. Con tristeza se dio cuenta de que jamás viviría en un palacio de cristal, de que lo que quisiera tendría que conseguirlo sin la ayuda de un hada madrina. Ni de nadie.
El camino se presentaba difícil para afrontarlo sola si no era lo suficiente fuerte
Entendió que el príncipe jamás aparecería, y aún menos si no era tan hermosa como aquellas princesas, y eso le decía su reflejo 
<<¿Por qué?>> Se preguntaba ella. Por qué lo que veía no era lo que sentía. 
<<¿Por qué?>> Gritaba. 
<<¿Por qué?>> Jadeó ante el espejo antes de golpearlo con el puño y partirlo en mil pedazos que se esparcieron a su alrededor, se dejo caer de rodillas y observó su puño ensangrentado, cogió un pedazo de cristal y observó su rostro lleno de lágrimas por última vez.
Y  vio el reflejo de la sangre que brotaba de su muñeca, esparciéndose e inundando su propio palacio de cristales.


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jueves, 29 de noviembre de 2012

0 Soledad


Vuelve la noche y vuelve a dejarme sola, sin más compañía que un rayo de luz de luna que se cuela por la rendija.
Que amargo sentimiento.
Hay quien ama la soledad, pero yo la detesto con todo mi ser. No quiero estar sola, quiero tener tu presencia.
Quiero mirarte a los ojos y ver en ti esa mirada que sin una palabra me grita que me quieres, quiero recorrer tu rostro, iluminado por esta sutil luz, con las yemas de mis dedos, probar tus labios y continuar por el resto de tu piel.
Quiero que me susurres al oído que me deseas y que no me dejaras escapar, pero ante todo quiero conocerte de una vez.
¿Donde estás? Se que existes, se que estas escondido en algún lugar, no muy lejos, y se que algún día voy a encontrarte, pero empiezo a cansarme de esperar sin mas compañía que ese rayo de luz de luna.

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