Vistas de página en total

Secciones

martes, 19 de agosto de 2014

1 Destino inmerecido

Sinceramente, no sabría decir dónde estoy.
Estaba comiendo con unos compañeros cuando de la nada aparecieron unos extraños en nuestro hogar, nos ataron y nos hicieron avanzar hacia una especie de... ¿calabozos? a base de golpes, no muy fuertes, pero lo suficiente molestos, cabría decir humillantes.
Ahora está todo oscuro y no se cuántos habemos aquí, sin duda demasiados, pues la movilidad es casi nula.
Estos calabozos están en continuo movimiento y todos nos chocamos, sobretodo cada vez que salta. Imagino que nos están trasladando, pero no sé donde, tampoco es que les importe nuestra opinión.
De entre mis compañeros emanan quejidos lastímeros y de confusión que suenan como una orquesta mal armonizada.
La falta de oxígeno, los continuos saltos inesperados, los choques con mis compañeros, el calor <<¡Dios mio, cuánto calor! Esto parece un horno>>
Empiezo a alterarme.
Sudo, hiperventilo, no paro de moverme en busca de algo que ni yo mismo se. Pero eso solo me hace tener más ansiedad.
Me choco con alguien, retrocedo del susto, piso a otro, se asusta, grita, me asusto...
<<¡No veo nada!>>
Si al menos dejaran entrar algo de luz, para vernos y no herirnos.
Creo que estoy al borde de un ataque de ansiedad.
Por suerte el calabozo se detiene.
Alguien abre el portón dejando entrar unos cegadores rayos de sol.
La verdad es que ninguno queremos estar dentro, pero tampoco queremos salir, no sabemos lo que nos espera allá afuera. El hombre que ha abierto el portón se acerca a nosotros y nos hace salir de la misma forma que nos hizo entrar, aunque solo a dos de nosotros. Agachamos nuestras cabezas y obedecemos, sumisos, al menos nos evitaría que nos pegara más fuerte.
Vuelven a atarnos y nos llevan a través de un camino ya marcado.
Al final del camino hay una puerta, la cruzamos y la cierran detrás de nosotros.
Miro a mi compañero a los ojos, que se limita a devolverme la mirada.
Poco después se dejó llevar por el sueño, bien merecido tras el incómodo viaje y esta desconocida situación.
Me pregunto que pasará con el resto de compañeros.
El sol se puso y yo también me dejé llevar por el sueño.
--------
Ya es de día, el sol ha salido y me han despertado con otro de esos molestos golpes.
Resoplo irritado, como me gustaría poder patearles entre las piernas, pero claro, ellos son listos, primero me han atado mientras dormía.
De nuevo me conducen, aunque ahora tirando de la cuerda, hacia otro de esos calabozos, esta vez mas pequeño, solo para mí, así que cuando entro cierran la puerta a mis espaldas.
No mucho tiempo después, se para y abren la puerta.
Lentamente salgo...
Miro a mi alrededor...
Estoy rodeado de gente, pero ¿por qué?
Doy unos pasos hacia atrás, prefiero volver allí y estar solo, no me fío nada de estos, que además no paran de cuchichear y mirarme como esperando a que haga algo.
Pero mi escondite ya no está ahí, han cerrado la puerta.
De repente alguien grita algo ininteligible y todos parecen seguirle a coro.
Igualmente, uno se acerca y empiezan a acercarse más, retrocedo asustado y recibo otro maldito golpe, me sobresalta, doy unos pasos rápidos hacia delante y de nuevo vuelven a chillar todos, acercándose y alejándose de mi como si se burlaran.
Se me ocurre que quizá estén asustados, intento explicarles que no quiero hacerles daño, pero nuestro idioma es diferente, no entienden nada y responden con mas gritos ininteligibles, recibo más golpes aun, empiezo a hartarme demasiado de esta situación y caigo en que solo me queda una salida.
Huir.
Me dispongo a correr, pero estos cabrones se ponen delante de mi camino, ya nada me importa, demasiada paciencia he tenido, corro con todas mis ganas, unos se acercan a mi, otros huyen, todos gritan sin parar, como monos, es impresionante el guirigay que arman.
Mientras huía me he chocado con alguno, tampoco es que fuera mi culpa, ¿qué hago si se me tiran encima?
A mas de uno lo traté de esquivar, pero la recompensa que me llevaba era un tropezón o resbalón y una torcedura de tobillo.
Cojeando ya como iba, no fueron pocas las veces que me choqué, ya fuera con personas o edificios, pero conseguí llegar hasta el final y encontrarme con... de nuevo aquel maldito cajón.
Pero al menos allí estaría a salvo, descansaría y estaría solo, en gran parte fue un alivio encontrármelo.
Me hicieron subir y me volvieron a trasladar al lugar donde esperaba mi compañero.
Una vez que llegué allí, me habría gustado comentarle todo lo que me acababa de pasar, pero no podía.
Que impotencia...
Horas después fue a él a quien se llevaron.
Y al rato, cuando volvió, supe por su exhausta mirada que había pasado por lo mismo que yo.
Oí decir a un hombre mientras cerraba una de las puertas:
- ¿Y luego, q'acen con lo' toro' esto'?
- No me joda' que no lo sabe' "quillo"; tré' capotazo' y pasao mañana están en un guiso pa celebra la' fiesta'

NO A LA SUELTA DEL TORO EN UBRIQUE.

Este blog se encuentra inactivo, ya que se ha mudado esta página.


Si te gustó, puedes seguirme en mi página de Facebook, sería de gran ayuda para seguir publicando.

© 2014 Mel Köiv Todos los derechos reservados 

miércoles, 13 de agosto de 2014

0 AVISO IMPORTATE

Tengo un favor que pediros, si estáis a favor de los derechos animales y tenéis más de 16 años, os agradecería que firmarais aquí.

http://ubrique.pacma.es/

En mi pueblo, Ubrique, se está proponiendo (y es muy posible que por la falta de tiempo para impedirlo ya se celebre este año) soltar un toro por las calles, no se exactamente el nombre del "evento" pero es como un San Fermín en miniatura (?)
Hemos realizado una plataforma ciudadana en contra de esto, estamos creando eventos culturales para mostrar lo que sí es cultura y lo que no, entre otras propuestas, tanto como contrastando cuanto tiene de legal todo lo que el evento conlleva (recorrido, presupuestos, el voto a favor de los vecinos de el recorrido, el propio daño al animal y un larguísimo etc)

En principio hemos conseguido que las cervezas "Cruzcampo" y "Alhambra" retiren su patrocinio del cartel publicitario del evento. Lo que no es un paso pequeño tratándose de grandes empresas

Y ahora hemos creado con la ayuda del partido animalista PACMA esta recogida de firmas online en la que puede firmar cualquiera aun no siendo de la localidad.

Firma si estas en contra, comparte si conoces alguien que lo esté, tanto detro como fuera de esta página.
Toda firma será bienvenida.
Gracias.

jueves, 24 de julio de 2014

0 La cuenta, por favor.

Hola, me llamo X y hoy seré su presentadora del telediario:

De primer plato le servimos una buena guarnición de corrupción.

Para continuar, como plato fuerte, le traemos "Guerra", un plato bastante tradicional que se viene sirviendo desde hace miles de años, pero nunca pasa de moda. Evidentemente aderezada con una pizca de muerte infantil.

Para acompañar tenemos unas cuantas desapariciones ilógicas.

Y para terminar, como postre para que se vaya con buen sabor de boca y olvide todo lo anterior, le servimos toda la actualidad en deportes.
Gracias por su visita.

Este blog se encuentra inactivo, ya que se ha mudado esta página.



Si te gustó, puedes seguirme en mi página de Facebook, sería de gran ayuda para seguir publicando.

© 2014 Mel Köiv Todos los derechos reservados 

miércoles, 23 de julio de 2014

1 Atardecer

El teléfono comenzó a sonar de madrugada, lo busqué a tientas y descolgué irritada, mirando la pantalla con un ojo entreabierto.
- ¿Si?
- Necesito verte, te echo tanto de menos, cada día miro el atardecer y me recuerda a tus cabellos rojos, tan vivos, tan ardientes, necesito volver a sentirte, necesito oler el fuego de tu cabello y quemarme con el roce tu piel.
- ¿Rubén? ¿Estás borracho?
- Vuelve conmigo, Elena -me rogó- ¿De veras estás mejor sola que conmigo?
Aun adormilada, mi mirada se perdía por la habitación oscura y mi cerebro me decía que estaba soñando. Por lo que mis ojos se permitieron el lujo de volver a cerrarse.
- ¿Elena?
- ¿Eh? ¡Oh, si! El atardecer... y eso -bostecé.
- ¿Te estás riendo de mí?
- No. Mañana hablamos, Rubén, cuando tengas más glóbulos que alcohol en las venas. Buenas noches.
Cuando me desperté por la mañana y miré el móvil tenía un arsenal de mensajes suyos, todos de la misma índole.
"Te echo de menos", "Todo me recuerda a tí".
El diccionario masculino de sinónimos de "quiero echarte un polvo" al completo. Aunque he de admitir que algunos eran bastante originales, puede que algo inquietantes.
Con vista borrosa y un sueño del demonio escribí lo mejor que pude:
"Quizá np lo recwrdes, pero fuiste tú el q me dejó al descubrir mi decreto.
Secreto*" √√
El móvil volvió a sonar y me sobresaltó.
- Casi me da un infarto -le reprendí-, ¿qué quieres?
- Darte los buenos días al oído.
- Entiendo -respondí sarcásticamente.
- Anoche no estaba borracho, Elena -de repente su voz sonaba mucho más seria, quizá demasiado-. Te echo de menos y quiero volver.
- Eso no va a pasar, olvídalo ya. No se  por qué te cojo el teléfono. Me estás alterando.
Sin darme cuenta me había levantado y estaba dando vueltas en círculo mientras le hablaba.
- Ya sé que me pasé, pe...
- ¿Pasarte? ¡Me tiraste un billete a la cara y te fuiste!
- Dame una noche, por favor, solo una noche y te dejaré en paz.
- Que no, joder.
- No quería llegar a esto, pero... admíteme como cliente.
Rompí a carcajadas y no hice ningún intento por esconder mi risa.
- Dudo mucho que te lo puedas permitir, cielo.
- Limítate a decirme la cifra.
Le di una cifra descabellada para que deshacerme de él, pero para mi sorpresa, su respuesta fue:
"Nos vemos esta noche en el barrio antiguo, a la 01:00. Se puntual".
Y colgó sin más, sin darme tiempo a decidir o a decir nada.
"Oye, no me cuelgues así, esto hay que hablarlo" √
No lo recibía. Y, por supuesto, tampoco las llamadas.
Me pasé el día diciéndome a mí misma que no iría, e incluso que si seguía de aquella manera le denunciaría por acoso.
Tras muchas divagaciones y un día bastante rutinario, a las 00:00 me dejé caer en la cama.
Pero por algún extraño motivo, llamémoslo idiotez, a las 00:30 me estaba levantando para arreglarme rápidamente y acudir corriendo a nuestro encuentro.
Cuando llegué, él ya estaba allí, sentado en un escalón, fumando un cigarrillo mientras se miraba los pies.
Mis tacones le alertaron de mi llegada y miró hacia arriba.
- Tu... tu pelo -balbuceó.- Ahora es negro. ¿Por qué has hecho eso?
- ¿Qué más da? Los tintes se caen. Tenemos una conversación pendiente más importante.
Cuando dije eso, me tendió la mano, entregándome un sobre. Su mano estaba temblorosa y húmeda, así como su mirada.
- Sobre eso... -dije agarrando su mano y alejándola de mí- No acepté tu propuesta, solo pretendía darte largas, y eso he venido a decirte.
- Abre el sobre -de nuevo puso la voz tremendamente sería.- Cuéntalo, mírame a los ojos y dime que puedes permitirte rechazar esa cantidad.
Abrí el sobre y con solo ver el color de los billetes mi ritmo cardiaco aceleró y mis manos temblaban vacilando, separando esos papeles con la torpeza psicomotriz de un infante de guardería.
- No tengo por que decirte nada, no quiero aceptar esto de ti.
- No seas tonta -dijo quitándome el sobre de las manos y metiéndolo en mi bolso- Te prometí qué si me dabas solo esta noche -apartaba mi cabello de mi cuello mientras hablaba lentamente- te dejaría tranquila -acabó la frase con un beso en mi clavícula.
No se que sucedió, no se como me convenció, pero ha pasado poco más de media hora de aquello y ahora me encuentro en su cama, atada y desnuda y con varios cientos de euros en mi bolso.
Él se encuentra encima de mi, recorriendo mi cuerpo con sus manos y su boca, pero parece no reaccionar al tacto.
- ¡Es tu pelo, maldita sea!- Se levanta, indignado y busca su paquete de tabaco.- Negro. Negro como la noche, como el carbón, ¡cómo un cuervo carroñero! ¿Por qué negro? -saca un cigarrillo y se lo pone en los labios mientras se sienta en la cama, a mi altura. - Antes eras más guapa.
Empiezo a inquietarme, durante tres años de relación, nunca se había comportado de forma tan extraña.
Enciende el cigarrillo y sus ojos se iluminan y se abren de par en par contemplando la llama.
- ¿Te apetece una copa?- me pregunta mientras se levanta a cogerla.
- No puedo beber así -hago un gesto con mis manos atadas.
- Abre la boca, preciosa -me ordena acercándose con una botella de Brandy en la mano.
Obedezco y la vierte sobre mi boca.
Luego la levanta un poco y comienza a derramarlo por encima de mi cabeza y a los lados, donde mi pelo cubría la almohada.
Le mire extrañada e inquieta.
- ¿Qué estás haciendo? ¿Eres idiota?
Me besa con furia, con el cigarrillo aun en la mano, y capto un fuerte olor a quemado.
- ¡Me has quemado el pelo!
- No lo suficiente. Dice acercándome el mechero encendido.
Una llama nace en mi pelo y mi cara se descompone del terror.
- ¡Apaga eso, rápido! -grito intentando huir inútilmente de la llama.
- ¿Alguna vez te he dicho cuanto te favorece el color del fuego? Si. Ahora vuelves a ser la misma, con tu pelo rojo ondeando como un mar de lava. De gas en este caso, pero te sienta igual de bien.
El calor empieza a irritarme los hombros y mi cara suda como nunca.
- ¡Haz algo, por favor! -le suplico entre lágrimas mientras me revuelco intentando apagarlo en vano.
- Sí, debería hacer algo. Para eso pagué. - dice situando su mano entre mis muslos.
- ¡Apagalo, quema! - Chillo con todas mis fuerzas, agitando la cabeza sobre la almohada mientras pataleo e intento quitarme su manos de encima.
- ¡Dame un minuto, joder! -grita agitando su brazo, algo más abajo de su ombligo.
Empiezo a toser, poco consciente ya de sus murmullos de fondo sobre mi pelo, el fuego, el color rojo...
Han pasado muchos segundos o pocos minutos, no estoy segura de estar consciente, pero siento un golpe duro y frío en mi cara acompañado de un sonido como de piedras, el calor va desapareciendo.
Había vaciado la cubitera del Brandy en mi cabeza.
Ya, ajena al calor, me dejé llevar por la inconsciencia.
A la mañana siguiente desperté en mi cama.
Me llevé la mano a la cabeza, incrédula. Casi no me quedaba cabello, rompí a llorar y con vista borrosa mire hacia la mesilla.
En ella había peluca pelirroja de pelo ondulado, un bote de crema para las quemaduras, el sobre del dinero y una nota:
"Evité que te hicieras daños mayores.
Ahora los dos tenemos secretos.
Tú no hablarás de lo de anoche y yo no hablaré de tu vida nocturna.
Lo prometido es deuda:
Me hiciste ver el cielo estando en el mismísimo infierno, así que...
Hasta nunca.
P.D: Usa el regalo"




Este blog se encuentra inactivo, ya que se ha mudado esta página.
© 2014 Mel Köiv Todos los derechos reservados 
 

lunes, 23 de junio de 2014

0 Reedición (Probablemente definitiva) del prólogo

Vi mejor resubirlo que editarlo, espero que os guste.




Al despertar no pude abrir los ojos. Intenté gritar pero no conseguía más que emitir unos gruñidos débiles interrumpidos por tos seca. Una mordaza cubría mi boca y un fuerte olor me asfixiaba y raía mi garganta. No tardé en darme cuenta de que se trataba de algún desinfectante, amoniaco o cualquier otro producto fuerte de limpieza.

Por un momento pensé que alguien me estaba gastando una broma de mal gusto, pero según pasaban las horas la idea se hacía más remota.
No sabía si era de día o de noche, el ambiente estaba cargado y húmedo. Y el no saber por qué estaba ahí ni qué querían de mí, parecía alargar aún más las horas.
Las lágrimas se hicieron un hueco entre mis ojos y la venda que los cubría y pasé sollozando interminables horas.

Me desperté sobresaltada cuando alguien llamó a la puerta, solo para avisar de su presencia y maldije seguir viva, no quería enfrentarme a lo que fuera que me esperara.
Unas manos me quitaron la mordaza, mi primer impulso fue gritar, pero lo descarté al notar como dejaba caer sobre mis labios resecos, un chorro de agua fresca.
- Shhh, tranquila, cariño, no voy a hacerte daño, vengo a sacarte de aquí, vengo a rescatarte.
- ¿De verdad vas a sacarme de aquí? -le supliqué con voz rota, la garganta me ardía.
- Sí.

Me ayudó a ponerme en pie, desató mis manos, aliviando así el dolor que causaba el roce de las cuerdas contra mis muñecas, y me las lleve a los ojos para destaparlos, una mano firme me las sujetó sin decir nada y me instó a andar con un suave empujón.
Dejó su mano sobre mi hombro y me guió por la oscuridad mientras mis piernas obedecían y mi mente divagaba en busca de explicaciones.
El eco de mis pasos inseguros resonaba abarcando la estancia y caus
ándole al silencio una muerte lenta y agónica que se anularía en cuanto saliera de allí.   
A medida que atravesábamos varias puertas y de vagábamos por diferentes habitaciones y pasillos desapareció el olor a desinfectante para dar lugar a un fuerte olor a putrefacto que en varias ocasiones hizo que mi cabeza diera vueltas y mis piernas flaquearan.
De repente el hombre me soltó y se alejó de mí, no sin antes volver a atar mis manos.
Sus pasos se oían firmes y sutiles, como si acariciaran el silencio en lugar de torturarlo como yo lo había hecho anteriormente, y yo aproveché su distancia para intentar zafarme de las cuerdas.
Abrió de forma estruendosa una pesada puerta de hierro y una brisa, tan fresca que me hizo tiritar, llenó la habitación y se llevó con ella gran parte del desagradable olor que allí reinaba.
- Acércate me ordenó.
Vacilé antes de obedecer, quería destapar mis ojos, clavarle un tacón entre las piernas y salir corriendo descalza hasta encontrarme con alguien. Pero no podía. Volví a clavarle mis tacones como cuchillas al silencio, contando mis pasos para mantener la calma.
Sentí de nuevo su mano en mi hombro.
- Diecisiete dejé escapar en voz alta, pero no dijo nada.
Al llegar a la puerta me detuvo y oí detrás de mí como cerraba la escandalosa puerta.
Volvió a guiarme con la mano en el hombro, pero esta vez con más prisa, que sumada al suelo arenoso y pedregoso que notaba bajo mis pies, provocó una inevitable caída.
Me levantó agarrándome del brazo, las rodillas me escocían, me había raspado con las piedras y probablemente estarían sangrando, aunque fuera mínimamente.
Llegamos a un coche solo unos pasos más lejos y me tendió en los asientos traseros. No necesitó usar la fuerza, yo inmovilizada y  desorientada y él tenía un coche. Intentar huir habría sido inútil y estúpido, así que me deje llevar.
En cuestión de minutos noté como el coche empezaba a frenar, se hacía todo aun más oscuro y, de repente, un haz de luz atravesaba el poco espacio entre la venda y mis ojos.
Supuse que habíamos llegado a un garaje.
Me sobresalté cuando la puerta que estaba junto a mi cabeza se abrió de golpe. El desconocido me ayudó a salir del coche y me tomó en brazos. Echó a andar sin soltarme, hasta llegar a unas escaleras. Me puso en el suelo, desató mis manos, las tomó y me ayudo a bajarlas como un padre ayudando a un hijo a dar sus primeros pasos, y una vez abajo abrió una puerta, me dejó allí y oí como la cerraba detrás de mí.

- Señor...
- ¿Sí?
- ¿Va a hacerme daño?
No respondió, en lugar de eso me avisó que ya podía descubrir mis ojos.

Me quité la venda, aunque la habitación estaba tan oscura que la diferencia era minina, y busqué a tientas un sitio donde sentarme.
Un rato después la luz se encendió desde fuera y aquel hombre apareció con un refresco y una bolsa de papel marrón manchada de grasa, con la tan conocida M amarilla. No pude evitar llevarme las manos a la boca y la nariz, el hedor inundaba mis vías respiratorias y me formaba un nudo en la garganta.
- Tu cena, Lucia.
- Me llamo Alinka... objeté.
- A partir de ahora te llamas Lucia -musitó algunas palabras más entre las que solo distinguí "personaje".
- ¿Qué?
- Que cenes.
- Yo no como carne... mi estómago protestó al oir eso, pero yo no sabía cómo explicarle que no quería comerme algo que hubiera tenido madre.
- Es lo que hay.

Su voz sonaba joven, pero su cara aún era un misterio, tuvo cuidado de darme siempre la espalda.
En cuanto salió cogí el refresco para calmar mi garganta.
Miré inevitablemente la bolsa, aunque intentaba no hacerlo.
Según pasaban los minutos, el aceite parecía apoderarse de ella, arrugándola y ensuciándola, haciéndola ceder y encogerse. Cuando el olor dejó de ser tan espeso que cubría cada molécula de oxígeno, me dispuse a obedecer a mi estómago y probarlo. Hice un gesto de dolor cuando intenté tragar, por el daño que me había causado el desinfectante, y volví  a beber para aliviarlo.

Pasé unos minutos sentada en el borde de la cama mirando a la nada, rodeada de oscuridad y agónico silencio, y un grito de desesperación que ni yo misma esperaba salió de mis entrañas desgarrándome las cuerdas vocales.

Rompí a llorar farfullando insultos y maldiciones hasta que caí en la inconsciencia.



Este blog se encuentra inactivo, ya que se ha mudado esta página.
© 2014 Mel Köiv Todos los derechos reservados 

Entradas populares

Seguidores

 

On My Own Copyright © 2011 - |- Template created by O Pregador - |- Powered by Blogger Templates